La Faena de un Toastmaster
Por José Hipólito Yánez Adame
Cada vez que leo un libro de oratoria o un manual, pareciera que estuvieran escritos para que me convenciera totalmente de que todo está dicho en esta materia. Métodos establecidos, consejos prácticos sobre modulación de la voz, movimiento corporal, uso del micrófono y selección y estructura adecuada de temas, son algunos de los tópicos abordados con frecuencia para la preparación de un verdadero orador. Resulta cómodo aprender de alguien dichos consejos para después, en la medida de sus posibilidades, llevarlos a la práctica, pero se ha preguntado… ¿qué podría aportar usted a la oratoria?
Muchos dirán que podrían aportar poco por no contar con la experiencia necesaria, algunos otros argumentarán su falta de tiempo para proponer un método “innovador”, unos más se escudarán en el confort al decir que todo está escrito.
Parece increíble, pero cada vez usamos menos nuestra imaginación, nos limitamos y no nos consideramos capaces de contribuir al crecimiento de la comunicación, quizá, por ser adultos, buscamos respuestas complicadas y elaboradas, pero dejamos a un lado aspectos tan importantes como la creatividad, la imaginación y la simplicidad, que generalmente exploramos en nuestra primera etapa de nuestra vida: la infancia.
A veces tenemos respuestas a nuestro alcance, claras y directas, tan claras que basta con voltear a nuestro alrededor y a nuestro interior, para darnos cuenta que en verdad podemos ser capaces de lo que queremos, inclusive de aquello que pareciera imposible. Y precisamente así surgió esta idea, que pudiera considerarse en primera instancia algo loca, pero antes de agregar más calificativos, mejor lo dejaré a su consideración: ¿Existe alguna similitud entre un torero y un Toastmaster? La respuesta inmediata muy probablemente sea ¡no!, pero hubo alguien que me convenció de lo contrario, me refiero a un socio fundador del club al cual pertenezco, Manuel Rodríguez Orduña, cronista taurino y experimentado Toastmaster, que con sus más de 70 años de vida es ejemplo en cada una de nuestras sesiones, dispuesto siempre a colaborar, a aportar y a admirarse de las nuevas generaciones de oradores.
Más allá de entrar en polémica sobre el tema taurino, permítase conocer esta interesante analogía, que seguramente le ayudará a realizar una gran faena cada vez que presente un discurso.
- Torero: Ser y sentirse torero es practicar y dominar un arte que explora las mejores cualidades de un ser, es necesario contar con inspiración, ritmo, vocación, aptitud, valor, inteligencia, gracia, tesón, pundonor, ambición y suerte. Cada tarde, al enfrentar a una fiera, sale a vivir o a morir. Un Toastmaster también se entrega por completo cada vez que pronuncia un discurso, se enfrenta con gallardía a su nerviosismo, lo domina y aprende a manejarlo, literalmente morimos en el escenario para dar lo mejor de sí.
- Traje de luces: Es la vestimenta adecuada para cada ocasión. Es sentir la adrenalina que nos dice que la hora de entrar al ruedo se aproxima. Muestre siempre elegancia y porte.
- Plaza: Es el escenario en donde se desenvuelve el orador, es donde se vierte todo el aprendizaje adquirido participación tras participación para llegar a la consagración. Siempre es motivador contar con “plaza llena” en cada sesión, pero recuerde que no siempre su mejor faena se dará en esta situación, ponga usted el mismo empeño si asisten tres, diez o cincuenta personas.
- Cartel: Es donde se anuncian los alternantes, se acostumbra en los clubes Toastmasters imprimir un programa de la sesión, realizado previamente por el Vicepresidente educativo, donde es importante balancearlo con oradores experimentados y novatos.
- Paseíllo: Es el recorrido que se hace desde su lugar hasta el escenario, ese momento mágico y único en el cual debe de concentrar su energía y mentalizarse que logrará un discurso excelente. Usted sabe que al dar sus primeros lances (palabras) los convertirá en inspiración y luego en arte.
- Tercios: Son las partes fundamentales de su discurso, apertura, cuerpo y conclusión.
- Capote: Es la forma y recursos con los que cuenta para atraer la atención de su auditorio, sea creativo y no limite su imaginación para esto. Si es necesario brincar o gritar, hágalo, nunca se detenga en experimentar algo diferente.
- Cornadas: Existen cornadas que te ayudan y otras que te matan. La intensa preparación de sus discursos las evitan. Cuando exista algún tropiezo en nuestras presentaciones, es importante tener el coraje suficiente para levantarse y seguir. Una mala evaluación o un comentario inoportuno puede ser una cornada fatal, la cual ocasione que ese socio se sienta destrozado, fracasado y muy seguramente ya no regrese al club.
- Banderillas: Son los adornos que pone a su discurso, ya sea con algún objeto muestra, anécdotas o simplemente su estilo propio.
- Brindis: Sería bueno experimentar brindar su participación a una persona en especial o en general a su público, los hará sentir especiales y tomados en cuenta. Explore el interactuar con su auditorio, haciéndolos partícipes de su discurso.
- Estocada: Es la culminación de su faena, será el último sabor de boca con el cual se quede el auditorio. Para esto es importante encontrar la mejor forma de cerrar su discurso, ya sea una frase, transmitir una emoción o buscar un final inesperado, así será recordado por mucho tiempo en la mente del público; busque algo memorable.
- Juez de plaza: En este caso es su evaluador, es la autoridad correspondiente para indicarle recomendaciones y resaltar sus habilidades. Seguramente habrá otros socios que le harán observaciones, tómelas en cuenta y aproveche sus áreas de oportunidad para crecer como orador.
- Trofeos: Generalmente esperamos el reconocimiento por nuestro desempeño en el ruedo, ya sea con el aplauso de los escuchas o simplemente el darnos por satisfechos que hubo alguien en nuestro auditorio al cual tu mensaje lo motivó, lo hizo reflexionar o simplemente se sintió identificado con cierta situación.
Ahora tiene todo lo indispensable para realizar su mejor faena como Toastmaster, tener tardes gloriosas en el ruedo con imaginación, valor y creatividad. Nadie pensará lo duro del camino recorrido, ni en el riesgo de los lances, tan solo se disfrutará el momento y será levantado en hombros por su público.
Recuerde que la fiesta es brava…. y el orador también. ¡Olé!
José Hipólito Yánez Adame, ACB-CL, es diseñador gráfico independiente y catedrático de la Universidad La Salle, socio del club Pioneros de La Laguna 4463 de Torreón, Coahuila, México.
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